El poder y los derechos


En un principio, cuando sólo había bestias en la tierra, la ley, si así se le pude decir, imponía una jerarquía entre los seres vivos o inertes que se le ha llamado «La ley del más fuerte» o también «La ley de la selva». Como sea que se le denomine, ésta es la ley natural.

En el nivel inferior de la jerarquía de esta ley están los entes inertes. Estas entidades ni siquiera se les reconoce la calidad de seres: Se les considera objetos o cosas y están a disposición de los requerimientos de los seres cuya característica base es la vida. Ahí están el aire que se respira, el agua que se bebe, la piedra fría, el palo de blandir, la fruta del árbol, la tierra misma. Los objetos están disponibles para todos, en especial si son abundantes como el aire mismo. Si no lo son, están sujetos a reparto, de acuerdo a la capacidad para tomarlos de cada ser vivo. De esta forma, el fruto del árbol que alimenta es tomado de modo libre por quién esté más cerca, con mayor facilidad o ansiedad en tanto se vaya consumiendo y haciendo escaso.

Los objetos deseables para los seres, son considerados bienes por su utilidad. Los bienes, de acuerdo a su escasez requieren de habilidades especiales para ser accedidos antes que otros seres que también los demanden. Estas habilidades estructuran las jerarquías que conforman la ley del más fuerte, que establecen los privilegios sociales, no sólo entre seres de la misma especie, sino entre todos los seres, aún cuando de acuerdo a éstas hay categorías de privilegios. Así, por ejemplo, habrá especies depredadoras y otras depredadas. Es innegable que la ley natural establece discriminaciones en virtud de las cuales no todos los seres son iguales sino en esencia distintos.

Así como la ley natural establece jerarquías entre especies, según las cuales, por ejemplo, el lobo es más poderoso que la oveja, estableciendo a uno sobre la otra, entre los individuos de cada especie también impera la ley natural. De esta manera en la manada del lobo hay un guía que decide por toda ella y el conjunto de los otros se sujeta a su decisión. Esta característica ordenadora y discriminadora natural, que organiza la sociedad, no sólo dentro de cada especie, sino en la sociedad total de todos los seres es lo que se denomina «El Poder».

El poder es el elemento ordenador que incide en el caos natural, permitiendo el desarrollo armónico de la naturaleza. El poder, sin embargo, no es algo estático. Cada entidad, ya sea un individuo, un conjunto de ellos, una especie o más, estará siempre en competencia con los demás por todos los bienes existentes y por lo tanto por el poder.

Como cuestión ordenadora el poder establece las relaciones entra cada entidad con las demás, en base a las prohibiciones y permisos de uso y acceso a los bienes, considerando como bienes a todo aquello que sea accesible o denegable por aquél que detenta el poder. De este modo el lobo que tiene poder sobre la oveja la considerará un bien, en razón de su conveniencia. De la misma manera el guía de la manada considerará un bien a cada miembro de su manada en razón de su utilidad en la caza de la oveja. Por su parte el lobo de la manada podrá, en razón de su conveniencia, intentar acceder al poder, dentro de ella y obtener privilegios respecto de los otros miembros, incluso aspirando a la posición de guía.

Si no existiera el poder, no existiría cohesión social. Si cada lobo de la manada tuviera tanto poder como otro cualquiera, no podría existir el orden que permite la caza y cada individuo cazaría por sí mismo. Esto sucede en especies individualistas como las de algunos felinos que no establecen vínculos sociales y no viven en manadas. Así, entonces, la igualdad de poder destruye la sociedad ya no sólo dentro de las especies, sino en todo el orden natural. Si la oveja tuviera tanto poder como el lobo, éste no podría cazar a aquella. Quizás se establecería una contienda insoluble de competencia que sólo sería resuelta por la cuestión del poder y así se llegaría siempre a un orden social a base de éste, incluso si la oveja dominara al lobo y éste fuera su presa.

Quizás, en aquel entonces, cuando surgió la especie humana, ésta era depredada. Es probable que su ambición de poder le permitiera prosperar en la jerarquía entre las especies, aún cuando en principio pareciera ser más débil. Hubo de seguro bienes disponibles que le permitieron, en su uso, escalar en el poder frente a las otras especies: Quizás el fuego, las herramientas de piedra, de madera y metal, la comprensión, la comunicación y la aceptación del poder como motor de prosperidad.

Más tarde, cuando el humano ya estaba en una posición de poder entre las especies de la tierra, Rea Silvia, una vestal, engendró los hijos gemelos de Marte, dios de la guerra. Al nacer los gemelos, Amulio temió que a futuro éstos tuvieran el poder de reclamar para sí el trono que él había usurpado a su abuelo Numitor, de modo que ordenó que los gemelos fueran arrojados al río Tíber, ahora que el poder era suyo. Los gemelos, Rómulo y Remo, fueron encontrados en una cesta, encallados en la orilla del río por la loba Luperca. Ésta los rescató y teniendo poder de decidir su destino, les otorgó derecho a la vida, los amamantó y crió.

El poder es la fuente, como se deduce aquí, del derecho. Amulio tenía el poder y en esa posición condena a los gemelos a perecer en el río Tíber y los priva del derecho a vivir. Luego Luperca, la loba, los encuentra y según su naturaleza pudo haberlos devorado, pero desde su posición de poder respecto de los gemelos, les otorga el derecho a la vida. Quién tiene el poder otorga el derecho al más débil. Los ejemplos son muchos. El negro no tiene derecho a ser persona debido a que el poder del blanco se lo niega. El animal de trabajo no tiene derechos porque el poder del amo lo condena a su esclavitud. El juez, amparado en su poder, otorga o niega el derecho a la libertad. El dueño de la tierra le otorga derecho de uso al siervo y lo grava con un derecho que lo beneficia con parte de su producto.

Toda sociedad basa su funcionamiento en el juego del poder y el derecho. Estos determinan las jerarquías sociales que establecen la discriminación ineludible entre cualesquiera dos individuos de ella. Siempre existirá entre dos individuos una relación de poder que instaura una jerarquía que instituye el ejercicio del poder y la cesión del derecho. Esta situación nace de la ley natural. Le equidad y la igualdad son utopías deseables aunque imposibles.

Rómulo y Remo anhelan gobernar y ejercer el poder. Así, entonces, dejan la ciudad de Numitor, su abuelo, y deciden fundar su propia ciudad. Como son gemelos, creen ser iguales y equivalentes, pero Rómulo propone crear Roma en el monte Palatino, en tanto que Remo desea llamarle Remoria y fundarla en el monte Aventino. La inequidad produce un conflicto de poder en el cual Rómulo se hace de éste y le resta a Remo el derecho de elegir y como solución del conflicto le quita el derecho a la vida.

El conjunto de individuos de una sociedad, sea esta humana o no; pertenezcan ellos todos a una misma especie o a distintas, naturalmente entienden este principio del poder que permite la existencia social. En la hacienda, el hombre tiene el máximo poder y con él distribuye los derechos y su contraparte de deberes. El perro recibe el derecho de ejercer poder sobre las ovejas. Entre éstas habrá una que sea guía del rebaño. El caballo no es igual al buey, aunque ambos son animales de tiro; uno del coche del hacendado y el otro de la carreta de transporte de bienes. Ambos disfrutan del derecho a la vida, al alimento y más, que les otorga el amo, en tanto cumplan sus funciones, de acuerdo a las que pueden perder, también, sus derechos.

Las sociedades animales que viven en completa libertad también están sujetas al juego del poder y el derecho. La hiena ejerce poder sobre el felino y lo priva, eventualmente, del derecho a disfrutar de su presa. El león priva al guepardo, no sólo de su presa sino también devora a sus crías. El león anciano pierde el poder de su manada frente al joven que lo desafía. No existe igualdad en la sociedad animal, ni equidad, sólo impera la ley natural. En las sociedades animales como en la humana, el que ostenta el poder tiene el derecho al que aspira el débil. Por eso Luperca, la loba de Roma, le otorga el derecho de la vida a los gemelos, los rescata y alimenta.

Es indiscutible que el derecho no le pertenece al débil. El derecho es una cesión magnánima del poderoso al débil. El esclavo no posee la libertad. La libertad es un derecho que el amo, que tiene el poder, de manera generosa, concede al esclavo. El no nacido no tiene el derecho a sostener su vida, este es un regalo magnánimo que le hace la madre, porque ella posee el poder. El ejercicio del aborto voluntario, no se origina en el hecho que el no nacido sea parte del cuerpo de la madre, sino que ésta tiene el poder y el no nacido es la parte débil que recibe, de modo magnánimo, el derecho a mantrener su vida. Es notorio que el nacido no recibe el derecho a la vida, de su madre; ella sólo le otorga el derecho a mantener la vida, que por sí mismo tiene. Nadie puede otorgar el derecho a la vida, porque la vida es anterior al derecho. Quien no tiene vida no puede tener derechos. ¿Cuál es el derecho de la piedra?, ¿y el del aire, o del agua?.

Como ya se ha visto, el poder determina la jerarquía social. Sin embargo, aunque pareciera deducirse que el poder es una posesión personal, no es así siempre. Tampoco es cierto que el poder se adquiera, siempre, por voluntad personal. Es frecuente que en las sociedades exista el poder colectivo y que éste sea cedido, para su ejercicio, por el conjunto acumulativo de las fracciones individuales de poder, a un solo guía, o dirigente, o a un grupo orgánico de individuos. De esta forma las sociedades se institucionalizan. La cesión del derecho colectivo de una sociedad puede originar una tiranía cuando el receptor se apropia para sí todo el poder entregado; o en una dictadura si el receptor del poder hace uso omnímodo de éste sin la aprobación de los legatarios; o una monarquía cuando todo el poder es entregado a un único guía; o una república cuando el poder entregado es elegido por períodos determinados y renovables. Esta última forma es propia de las sociedades humanas institucionalizadas y democráticas, donde el poder se otorga a través de procesos reglamentados en los que participan los individuos a los que se reconoce tener una cuota de poder legable.

De cualquier modo u origen, organización o desarrollo de cualquier sociedad, como se pudo ver, el elemento estructurante definitivo de ellas es el poder, que puede originarse en la fuerza, la razón incluso el engaño, el reconocimiento por la costumbre, el temor, o más. Su primera derivada es el derecho y la segunda es la ley, que sólo se aprecia en las sociedades humanas, para regular el uso del poder y la cesión de derechos.

El manejo de la ley está entregado a la institución creada para este efecto, a la que se llama «Justicia». La justicia, sin embargo, siempre es administrada por el poder y por lo tanto no es equitativa ni tiene una tendencia a igualar los derechos que los débiles reciben como sesión del poder. Por regla general el poder opera de modo vertical en la jerarquía desde el máximo poder que posee una minoría, cuando no un solo director, sobre los diferentes niveles jerárquicos progresivamente más numerosos en tanto el poder individual de cada uno es menor, hasta ser mínimo en la base social. La justicia siempre es proporcional al poder que posee cada individuo en la jerarquía social, siendo mínima en la base.

«— ¿Quién mató al comendador?
»— ¡Fuenteovejuna, señor!»
Fernán Gómez Guzmán es comendador de la orden de Calatrava y autoridad mayor de su pueblo: Fuenteovejuna, en el cual ejerce una tiranía abusiva, especialmente sobre las mujeres.
Rodrigo Téllez Girón ha heredado muy joven, casi un niño, la maestría de la orden de Calatrava, por lo cual es, institucionalmente, el superior jerárquico de Fernán Gómez. Sin embargo, el comendador, un hombre mayor, asume el poder sobre el maestre de la orden y lo induce a traicionar a la reina Isabel de Castilla en favor de los intereses del rey de Portugal. Es claro que el poder institucional, que nace de la decisión de la organización social, sólo es válido en tanto la voluntad de poder de las personas no lo sobrepasen. De hecho la cuestión del poder es un ejercicio de la voluntad en tanto que el poder institucional es nominal y sólo se hace real por la voluntad de los individuos.
En el gobierno de Fuenteovejuna el comendador ejerce el poder de manera despótica y abusiva. Abusa sexualmente de Laurecia, la hija del alcaide, ordena colgar a su esposo, hace azotar a quién intenta protegerla y más.
La sociedad de Fuenteovejuna reacciona y actúa oponiendo su poder conjunto al del comendador. No es lo común, pero en situaciones el poder colectivo actúa, también de modo vertical, pero inverso. Fuenteovejuna como sociedad mata al comendador Fernán Gómez.

Se ve el juego del poder en este situación, en toda la diversidad de sentidos. El comendador sobrepasa el poder de la reina de Castilla en beneficio del poder del rey de Portugal. A la vez ejerce poder de hecho, a través del engaño sobre su superior de poder institucional. También abusa de su poder sobre la sociedad de Fuenteovejuna por sobre la institucionalidad. Fuenteovejuna muestra el poder colectivo social que ejerce sobre el comendador. En todos estos casos hay juego de poderes naturales. Las instituciones son sobrepasadas en todos los casos. Tampoco hay, en Fuenteovejuna, un juego de derechos. La venganza social no es un derecho que el poder otorgue a los subordinados. Fuenteovejuna, unida, agrega los poderes individuales y los opone al poder establecido y en uso de aquel poder colectivo le quita el derecho a la vida al comendador.

Tradicionalmente el poder en las organizaciones sociales es local: El señor de la tierra que adquirió en virtud de su poder, ejerce el poder administrativo en la sociedad afincada en su tierra. En esta situación y de acuerdo a su conveniencia dicta las normas y leyes de su comunidad, a la vez que administra justicia entre las gentes que pertenecen a ella. También ejerce el poder moral y ético, el doctrinal, incluso el del saber, de la tradición y más. Dos señores distintos reglamentarán la costumbre social, en su localidad, de manera diferente, de acuerdo a su criterio personal.

La dificultad de integración, que solo se va superando en el transcurso del tiempo, hace que el poder sea localizado, aún cuando nominalmente, en la medida del desarrollo de las sociedades estas incluyan organizaciones de poder que abarcan varias localidades: El imperio ejerce poder sobre los reinos subordinados y estos sobre los feudos del reino. De esta modo el emperador posee, de manera nominal un enorme poder sobre las diferentes sociedades de los reinos, y los reyes del mismo modo sobre las sociedades locales, donde el poder es ejercido por un señor del lugar. Sin embargo, en la práctica, la justicia es ejercida de modo independiente por el señor del lugar y las leyes son reglamentadas por él. Del mismo modo la obediencia esta sujeta al señor local. El rey o el emperador no tienen forma de ejercer el poder directamente sobre las sociedades lejanas de su asiento.

En la medida que las estructuras de poder se hacen más complejas, las sociedades generan instituciones que permiten el ejercicio del poder. Así nacen los estados en las naciones que agrupan sociedades afines. Con todo, las instituciones del poder se multiplican en la diversidad natural de las comunidades en la medida que estas crecen y son mayores.

No obstante lo dicho, el poder nominal, considerado de origen divino, estaba concentrado en un monarca que no rendía cuentas. El poder era, supuestamente absoluto. Así fue en la Francia del siglo diez y ocho. El último monarca de aquel siglo, Luis XVI, empoderado en ese criterio absolutista dilapidó los fondos del reino apoyando la revolución de los estados unidos y empobreció a la nación, causando la revolución que estalló en mil setecientos ochenta y nueve. Para mil setecientos noventa y uno, la Asamblea Nacional Constituyente obligó a Luis XVI a aceptar la nueva constitución, que estableció, de acuerdo a los criterios de Montesquieu, la separación de poderes en Ejecutivo, Legislativo y Judicial independientes uno de otros.

La naturaleza, más sabia que el ser humano, no sólo en millones de años prosperó desde quizás una explosión de la nada, a la vida, y en ella al propio humano. Con infinita paciencia instaló como su regla principal la ley natural para asegurar la prosperidad. El ser humano en su infinita soberbia intenta siempre enmendar la lenta sabiduría natural, con utopías inalcanzables tales como los derechos universales del hombre.

Los seres humanos no nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Los negros en estados unidos no nacen iguales a los blancos, ni a los hispanos, ni a los europeos, tampoco son libres del yugo del poder blanco, del poder del dinero o del poder de la justicia; no tienen la misma dignidad que el resto de los ciudadanos: «Yo tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando. Soñar con la libertad, soñar con la justicia, soñar con la igualdad y ojalá ya no tuviera necesidad de soñarlas.» Este es el sueño utópico de Martin Luther King. ¡Cuántos sueños irrealizables tiene el ser humano!. Yo mismo sueño que todos esos seres que serán desechados por sus madres algún día puedan tener un sueño; cualquier sueño, aunque sea irreal, aunque sea el sueño real que no son parte del cuerpo de su madre.

Cuántos son los más débiles, los que no nacen libres e iguales, los que nacen sin derechos, los que sólo tienen sueños. Cuántos sueñan con que el curso incierto de su vida alguna vez los premie con mucho dinero. Cuántos luchan por eso, cuántos en esa lucha eligen el poder de la violencia porque no tienen otro acceso a los bienes que desean y creen que les darán libertad, igualdad, justicia y dignidad.

El dinero no te equipara con los otros, no te da libertad ni igualdad, no te asegura la dignidad y si te permite comprar justicia es sólo porque la justicia no existe, sólo es un reflejo del poder. El dinero es un recurso del poder y la gran ley universal se basa en el poder: es la ley del más fuerte. Mucho dinero puede, tal vez, dar mucho poder, sin embargo el dinero no es el poder. El dinero y la espada no son el poder, el poder está en cómo usas la espada o el dinero.



Kepa Uriberri


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